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24/06/2008
Reciclaje de bombillas

Ambilamp, una organización privada sin ánimo de lucro, que engloba a más de 80 productores de lámparas (el 95% del mercado estatal), ha instalado en el aparcamiento de La Romareda de Zaragoza una exposición divulgativa que, con el nombre Recicla luz, recicla vida, pretende concienciar del reciclado de las bombillas. El horario es ininterrumpido de 14 a 21 horas para el día de hoy.
El año pasado en todo el Estado el volumen de bombillas consumidas generó un total de 8.700 toneladas de residuos, cuyo porcentaje de mercurio podría contaminar la mitad de las reservas de agua potable de España. El 88% del peso de una bombilla es vidrio; el 7% es metal (aluminio, latón, cobre, etc); el 2% es plástico y el 0,02% es mercurio. Aunque el porcentaje del mercurio parezca mínimo, sólo con el de una bombilla se podrían contaminar hasta 35.000 litros de agua.
A lo largo de un atractivo recorrido, que simula el interior de un tubo fluorescente, se muestra el proceso de reciclaje y el tratamiento completo de los residuos de lámparas, donde su separación y posterior tratamiento es fundamental para la protección del medio ambiente.
Hay que recordar que las bombillas tradicionales, las incandescentes, serán pronto eliminadas del mercado por su pobre rendimiento (producen más calor, que luz). La idea es ir renovando las bombillas incandescentes por bombillas de bajo consumo, un poco más caras, pero mucho más eficientes y económicas en su vida útil, más larga que la de las anteriores.
Ambilamp va a poner en marcha un proyecto piloto de recogida doméstica mediante unos contenedores que colocará en los 10 hiper más importantes a nivel estatal; para que quien compre una bombilla, pueda depositar allí la vieja.
Y es que si bien es cierto que cualquier usuario puede depositar en el almacén o comercio la bombilla sin vida si compra otra similar, de momento, no todos los establecimientos se encuentran todavía preparados para este proceso, sobre todo los pequeños comercios. El reciclaje de aparatos eléctricos y electrónicos acaba de comenzar y está en una fase todavía muy inicial.
Otro modo de reciclar estos residuos es acudir a cualquier punto limpio donde debe haber un punto de recogida selectiva de este tipo de residuos. Si bien no siempre es así; pues en Alcorisa, mi pueblo, hay un punto de recogida selectiva de residuos eléctrónicos y eléctricos, pero que deja mucho que desear. No está protegido contra la lluvia, no está convenientemente cerrado,... En demasiadas ocasiones las buenas intenciones se quedan en gestos de cara a la galería. Es preferible no gastar dinero, que gastar dinero en chapuzas, que no consiguen lo que pretenden, pero que, eso sí, quedan muy bien de cara al electorado (que parece que es lo que interesa). Por cierto, ¿por qué esa exposición sólo un día y sólo en Zaragoza?, ¿en el medio rural no se recicla?.
02/04/2008
Conducción ecológica

Sigo con unas mínimas directrices para minimizar el impacto que nuestras actividades generan en el medio ambiente. Hoy le toca el turno al coche y la conducción.
Coche y ecología no suelen ir asociadas, no hay que olvidar que el transporte representa el 28% de las emisiones de CO2 y el 15% del total de la energía consumida en España. Los fabricantes, movidos por motivos ecológicos y, por supuesto, por motivos comerciales (hoy en día, lo ecológico vende), están desarrollando vehículos y motores cada vez más eficientes y que generan menos emisiones. Pero eso no es óvice para que nosotros, los conductores, también adaptemos nuestra forma de conducir hacia el ahorro de combustible y la mayor eficiencia energética.
Además, las ventajas de la llamada "eco-conducción" no son sólo medioambientales, también económicas por el ahorro en combustible que conlleva. Por ejemplo, para una empresa con una gran flota de vehículos que marque unas directrices de conducción a sus empleados, podría ahorrarse una importante cantidad, concretamente, según estudios del IDAE, un 15% por vehículo, que trasladado a la cuenta de resultados de la empresa tendrá un impacto más que destacado.
El respeto al medio ambiente y el ahorro, son razones suficientes para apostar por la eco-conducción, ¿no?. La conducción eficiente se compone de reglas sencillas:
- Arrancar el motor sin pisar el acelerador.
- No sobrepasar las 2.500 revoluciones en los motores de gasolina y las 2.000 en los diésel para cambiar de marcha.
- Circular con marchas largas a bajas revoluciones (lo cual no quiere decir ir más despacio).
- Evitar acelerones o frenazos bruscos (para lo cual es necesario mantener la distancia de seguridad).
- Racionar el uso del aire acondicionado (evitar usarlo cuando la temperatura interior de la habitáculo no supere los 24ºC).
- Detener el motor en paradas largas.
Es cierto que los automóviles consumen un 25% menos que hace 20 años, pero la utilización errónea de un coche puede anular totalmente la eficiencia de las mejoras tecnológicas. Las ventajas de la eco-conducción son numerosas, y no se limitan a las económicas y medioambientales. También combate la contaminación acústica: un coche a 4.000 revoluciones hace el mismo ruido que 32 vehículos a 2.000; al basarse en evitar los picos de velocidad y en conducir de manera suave, rebaja el estrés de la conducción y el riesgo de accidentes.
Bueno, ahora tú eliges. La eco-conducción es más respetuosa, más eficiente, más barata, menos estresante y más segura. Eso sí, es más aburrida pero, ¿pesa más el aburrimiento que todas sus ventajas?.
01/04/2008
Hábitos de consumo ecológicos
En una entrada anterior comentaba una serie de directrices para hacer una compra realmente ecológica. Sin embargo, para mi, es primordial interiorizar unos hábitos de consumo ecológicos basados en las tres "R": Reducir, Reutilizar y Reciclar. Por ese orden, reducir el consumo; reutilizar los elementos el mayor número de veces posible, con lo cual evitaremos adquirir nuevos productos; y, cuando ya no quede otra posibilidad, reciclarlo, para lo cual deberemos haber comprado en su momento un producto reciclable, evidentemente.
Y es que todo comienza en el momento de la compra: hay que comprar sólo lo indispensable y, luego, aprovechar al máximo los productos (dándoles otras utilidades para alargar su vida); intentar evitar los productos con envoltorios muy aparatosos o envases de plástico (por ejemplo, las frutas y otros alimentos empaquetados en ese corcho blanco, ¿para qué sirve ese corcho?, únicamente para mejorar la presencia del producto, así que, si es posible, adquiriremos la fruta sin ningún tipo de envase y en el menor número de bolsas posible); deberemos priorizar los productos de larga vida sobre los de usar y tirar (toallitas limpiagafas, kleenex, maquinillas de afeitar desechables,...); también adquiriremos productos que se puedan reciclar más fácilmente (el vidrio se puede reciclar casi indefinidamente, cuantos menos pintura y elementos de color lleve un producto, más facil será su reciclado, pues previamente hay que eliminar esa pintura,...); seleccionar aparatos de bajo consumo o con etiqueta de alta eficiencia energética; escoger alimentos de temporada frente a los precocinados; adquirir productos fabricados lo más cerca posible del punto de venta (pues han emitido menos CO2 desde su fabricación hasta allí); priorizar productos de tamaño familiar (podemos comprar nuestra marca de champú y/o gel en su formato más grande y rellenar botes más pequeños a partir de él, reduciendo así el número de envases que adquirimos),...
Hay muchos grados de ecologismo, desde el consumidor ecologista que evitará comer pescado, carne, huevos, etc.; a los "ecologistas-light" que consumen alimentos ecológicos "delicatesen" o comprar ropa con algodón orgánico, pero de gama alta. Cualquier opción es válida (unas más que otras, evidentemente), el caso es hacerlo de forma consciente e intentar extender cada vez más esos hábitos a sí mismo y a su entorno. Piensa global, actúa local.
27/03/2008
Cómo elegir productos realmente ecológicos
En cualquier supermercado al que vayamos hoy en día podemos encontrar a la venta multitud de productos con las etiquetas de "naturales", "biológicos", "ecológicos", "orgánicos", "libres de emisiones de CO2", "biodegradables", "reciclables", "respetuosos con el medio ambiente",... El ecologismo está de moda, vende. Por desgracia, no es "verde" todo lo que reluce. Aunque en ocasiones sea complicado acertar, aquí van unos consejos con los que los consumidores podamos guiarnos para hacer una compra más ecológica, inteligente y responsable.
- No conviene dejarse llevar por este tipo de denominaciones tan genéricas y ambiguas, que no suelen estar reguladas, salvo excepciones. Por ejemplo, los términos "bio" y "biológico" se podían utilizar hasta mediados de 2006 en todo tipo de alimentos, hasta que la ley restringió su uso a productos elaborados exclusivamente con métodos ecológicos.
- También debemos desconfiar de promesas demasiado bonitas para ser ciertas, como los coches "ecológicos" (¿?), y es que, un coche podrá reducir sus emisiones de CO2 o utilizar el combustible de manera más eficiente pero, de ahí a ser "ecológico" hay cierta distancia, pues seguirá teniendo un impacto medioambiental considerable al seguir abasteciéndose de combustible fósil.
- La falta de transparencia es otro elemento a tener en cuentra, desconfiemos de esos productos que no ofrezcan información detallada de su condición de "verde", o si no resulta fácil contactar con su servicio de atención al consumidor.

- Aunque no es un sistema perfecto, hay diversas certificaciones que pueden emplearse como guía. En este sentido, el etiquetado puede ser útil para elegir un producto ecológico. Por ejemplo, un producto con la etiqueta ecológica europea ha pasado por rigurosos controles de la Comisión Europea. Asimismo, los productos madereros que llevan el certificado del Consejo de Administración Forestal (FSC en sus siglas inglesas) han sido extraídos y elaborados con criterios ecológicos, sostenibles y socialmente justos y solidarios.
- También deberemos tener cuidado si juegan con la similitud terminológica: "Reciclable" significa que el consumidor puede llevar ese producto a reciclar al lugar destinado a ello; "reciclado" quiere decir que el producto incorpora materiales que provienen del reciclaje.
- Los envoltorios, pese a muchos diseños que muestran elementos naturales o colores verdes, no son fiables a la hora de comunicar las supuestas bondades ecológicas del producto. Sólo una atenta lectura de su etiqueta nos debería sacar de dudas. Así, por ejemplo, se podría saber si un cosmético es realmente de origen vegetal, o si en su gran parte está realizado con componentes artificiales aunque incorpora un pequeño porcentaje de ingredientes naturales.


